Crece la demanda y el comedor “Sueños a Cumplir” inicia su campaña navideña en La Paloma
Con más familias en busca de asistencia, el espacio comunitario impulsa una nueva colecta de juguetes y alimentos para garantizar una mesa de Navidad digna.
El comedor y merendero Sueños a Cumplir La Paloma, ubicado en Caupolicán 46, comenzó su tradicional colecta navideña en medio de la compleja situación económica y el aumento de familias que buscan asistencia. Desde mediados de noviembre reúnen juguetes, pan dulces, budines y alimentos para preparar las cajas navideñas destinadas a los chicos del barrio.
Como cada año, el espacio busca entregar un pan dulce, un budín y un juguete a cada nene del barrio. Para lograrlo, necesitan la colaboración de vecinos y personas solidarias que puedan aportar alimentos, ropa, golosinas o juguetes nuevos o usados en buen estado.
Quienes deseen ayudar pueden acercarse al merendero o comunicarse al 341 324-0322.
Crónica de un comedor que se sostiene como puede
A metros de Ayacucho, en el corazón de barrio La Paloma, en el extremo sur de Rosario, se encuentra el comedor y merendero que funciona desde hace varios años ayudando a los más necesitados de un barrio de trabajadores y familias que viven en situación de pobreza.
En un viernes donde el sol se esconde entre las nubes, rosarioinfo.com llega a una tarde silenciosa: en las calles solo se escucha el tránsito de la avenida y alguna música que sale de las casas. Al final de Caupolicán, en el número 46, una puerta negra con un cartel anuncia que allí funciona el comedor y merendero Sueños a Cumplir La Paloma.
En el lugar, Silvana, dueña e impulsora del espacio, nos espera junto a un grupo de colaboradoras que se preparan para acomodar y ultimar detalles antes de entregar la mercadería.

Entre acomodamientos, órdenes y apuros, el equipo de rosarioinfo.com se hace a un costado y observa el movimiento. Silvana, con una sonrisa, saluda sin dejar de ordenar. Las colaboradoras también devuelven el saludo en medio del ritmo acelerado de la tarde.
“Estamos ordenando las donaciones que llegaron hace un ratito de la mano de María Fernanda Rey, la concejala”, dice Silvana en voz alta. Siguen organizando la ropa y la mercadería recién llegada para repartirla a los vecinos alrededor de las 16.
Terminadas las tareas, con todo listo sobre las mesas, las colaboradoras se miran entre sí y Silvana consulta quién quiere hablar. Empieza el típico ida y vuelta para definir a la persona que dará testimonio en la nota. Después de algunas risas y de señalar en broma a Vanesa como “la que habla mucho”, finalmente ella acepta acompañar a Silvana.
Mientras nos preparamos, algunas colaboradoras salen al patio para escuchar desde afuera.

“Como cada año, nosotros hacemos campaña para Navidad. En su momento salimos con un carro disfrazados de Papá Noel, entregando juguetes a los vecinos para que tengan una Navidad digna, con un regalo, un pan dulce y un budín sobre la mesa. Hoy está todo mucho más difícil que otros años”, cuenta Silvana, explicando la propuesta para este mes.
Aprovecha también para hablar de la complicada situación que atraviesan por la crisis económica, que aumenta la demanda y complica el día a día: “Tenemos cada vez muchas más familias y muchos chicos. Se vienen a anotar todo el tiempo. Nosotros, a pesar de ser una asociación civil, esperamos la ayuda de la municipalidad o de la provincia para que nos den la mercadería que necesitamos para cocinar y hacer la merienda. Pero seguimos gracias a las donaciones de la gente, que siempre aporta”.
Ante la creciente demanda, Vanesa, colaboradora, se suma conmovida y cuenta la parte más dura: a veces tienen que decir que no. “Se necesita muchísimo, porque es mucha la gente que viene con verdadera necesidad. El que está acá y camina estas calles sabe bien lo que pasa el otro. Lamentablemente, en varias oportunidades, con vergüenza tenemos que decir que no, porque al no tener la mercadería o los elementos necesarios, solo podemos ayudar a quienes ya están anotados”.
Terminada la nota, Silvana y las colaboradoras aprovechan para tomar aire en el patio techado. Las risas, anécdotas e historias siguen hasta las 16, la hora prevista para repartir lo recaudado ese día.

Casi puntual, dos vecinas se asoman a la puerta, saludan y comienzan a revisar la ropa exhibida en la mesa del “roperito”, donde cada uno puede llevarse lo que necesita. En ese momento, el equipo del comedor vuelve a ponerse en marcha: preparar la mercadería y las verduras para quienes van llegando.
De a poco, vecinos y chicos del barrio esperan en la vereda con bolsos de tela y mochilas. Adentro, Silvana y las colaboradoras cargan las bolsas, revisan la lista y entregan los bolsones. En unos treinta minutos, la fila se descongestiona y cada vecino se va con su bolsa llena.

Otro día de trabajo termina para las chicas del comedor, que después de varias horas vuelven a ver los frutos de su esfuerzo: cada vecino se va con algo para poner sobre la mesa.